Y es en esos momentos de soledad en los que me pongo a pensar en la mierda de vida que tengo. En lo dura que es la vida. En lo que te cuesta cumplir tus sueños. Ya nada me sale bien intento volver a empezar pero una vez más veo como mis sueños se van quedando atrás, asta el olvido.
A veces me pregunto: "¿Por qué todo me sale mal a mi?" Esperando a que alguien me dé la respuesta, asta que me harto de esperar y me hundo en la desesperación.
Vas andando por la calle, ves como todo el mundo le sonríe a la vida y tu ahí, una vez más, derramando tus lágrimas sobre el duro asfalto.
Y tu vida se convierte en una monotonía, siempre lo mismo. Te levantas por la mañana, desayunas, te vistes. Te peinas, te lavas la cara, te lavas los dientes, te echas colonia y te miras al espejo. Tal vez mires la televisión un rato, tal vez cojas el ordenador o cualquier otra cosa que te entretenga asta la hora de la comida. Comes, te vas para la habitación, pones la música a todo volumen y así asta la hora de la cena. Te acuestas y en cama, con la televisión encendida, te pones a pensar que todo lo que hiciste ese día lo has hecho el día anterior, y el anterior, y el anterior. Hasta que ya no te acuerdas de que día empezaste con la monotonía.
Otro día en la habitación... y solo quedas tú, tu habitación y tu disco de maldita nerea.
A veces me pregunto: "¿Por qué todo me sale mal a mi?" Esperando a que alguien me dé la respuesta, asta que me harto de esperar y me hundo en la desesperación.
Vas andando por la calle, ves como todo el mundo le sonríe a la vida y tu ahí, una vez más, derramando tus lágrimas sobre el duro asfalto.
Y tu vida se convierte en una monotonía, siempre lo mismo. Te levantas por la mañana, desayunas, te vistes. Te peinas, te lavas la cara, te lavas los dientes, te echas colonia y te miras al espejo. Tal vez mires la televisión un rato, tal vez cojas el ordenador o cualquier otra cosa que te entretenga asta la hora de la comida. Comes, te vas para la habitación, pones la música a todo volumen y así asta la hora de la cena. Te acuestas y en cama, con la televisión encendida, te pones a pensar que todo lo que hiciste ese día lo has hecho el día anterior, y el anterior, y el anterior. Hasta que ya no te acuerdas de que día empezaste con la monotonía.
Otro día en la habitación... y solo quedas tú, tu habitación y tu disco de maldita nerea.

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